En los Bienes raíces comerciales impera un sistema de evaluación simple que sirve para calificar de un vistazo a las propiedades. De hecho, es un sistema tan simple que parece salido del famoso juego de mesa Monopoly. Con tres letras podemos saber de qué calidad y características claves estamos hablando cuando nos referimos a bienes raíces de uso comercial. Los edificios se clasifican como A, B o C, y esa clasificación es un indicador importante que sirve para medir qué tan competitiva es una propiedad en un mercado y qué tan bueno es su valor de mercado y, por supuesto, cómo serán las rentas. La clasificación se aplica a todos los tipos de propiedades: industriales, comerciales, departamentos y hoteles.

Sin más, las características comúnmente aceptadas que definen cada clase son las siguientes:

Propiedades de Clase A

Este es el nivel superior de inmueble en un mercado particular. Se trata de un tipo de construcción de alta gama y con detalles y acabados interiores de lujo, diseño arquitectónico moderno, sistemas mecánicos y tecnología aplicada además de una amplia variedad de comodidades.

Las propiedades de clase A son los mejores activos de su clase ya que usualmente cobran las rentas más altas posibles en sus respectivos sub-mercados.

Es un nicho de negocios Premium, para inquilinos que están dispuestos a pagar ese nivel elevado de renta para recibir el prestigio y confort de una propiedad exclusiva.

Propiedades de Clase B

Cada vez es más complicado para las constructoras mantenerse en la vanguardia del mercado, lo que hace común al hecho de que una propiedad de clase A se convierta en una de clase B con el correr de los años. También es común que los edificios históricos, incluso si están bien mantenidos, sean calificados como clase B debido a aspectos físicos que.

Propiedades de Clase C

Espacios dentro de los activos de Clase C son apenas funcionales y son baratos de alquilar. A menudo, estos son activos más antiguos que han quedado obsoletos por los sistemas de construcción empleados, el diseño o por los acabados apenas funcionales.

Si bien esta forma de calificar las propiedades y dividirlas en tres grupos es extremadamente simple, puede servir para ordenarnos a la hora de saber el potencial de un inmueble. Con esto en la cabeza, seguramente su pregunta en este momento es la siguiente:

¿Conviene siempre invertir en propiedades A?

Desde el Fondo de Totallia nosotros procuramos obtener ganancias de dos fuentes distintas:

  1. La renta propia de los inmuebles en los que invertimos, que genera un flujo de Fondos estable en el tiempo otorgando certidumbre en la inversión.
  2. La apreciación en el valor de la propiedad de acuerdo a las mejoras que le podamos hacer al inmueble.

Encontrar una inversión que nos pueda dar estas dos fuentes de ingresos es una de las prioridades de Totallia. De hecho, ya tuvimos una experiencia exitosa en este sentido, habiendo comprado un edificio de oficinas Clase B, invirtiendo en su remodelación para pasar al estatus Clase A, obtener la renta pertinente y, además, la valorización más que proporcional de la propiedad en cuestión.

Encontrar este tipo de proyectos no es fácil en un contexto de alta competencia como el actual, aunque creemos que allí está uno de los mayores potenciales y creación de valor agregado de nuestro Fondo.